FICWALLMAPU | Festival Internacional de Cine y Video

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CLAUDIA ANCAPAN: "VAN A VENIR COSAS MEJORES EN LA MEDIDA QUE UNO REAFIRME EL ORGULLO POR SER QUIEN ES"
16 de septiembre de 2019

Este año Ficwallmapu plantea el diálogo en torno a la diversidad sexual en los puebos originarios, por esto, conversamos con Claudia Ancapan Quilape, mujer mapuche-williche y trans, matrona de profesión y protagonista del documental "Claudia tocada por la luna", dirigido por Francisco Aguilar que se está exhibiendo en distinas ciudades junto a la Red Salas de Cine. En esta entrevista nos habló de su infancia, su formación y el coraje de ser la misma en todos los espacios. Conoce su historia y cómo ha cambiado luego de visibilizarla en pantalla grande.

-En estos días se está exhibiendo el documental "Claudia tocada por la luna", ¿qué te interesa relevar de esa experiencia?

Yo fui partícipe en su génesis, en su idea, yo aporté ciertas ideas. La matriz de la estructura la tomó Francisco, él la  estructuró. Yo lo que le pedí fue mi conexión con mi identidad, con lo indígena, mi conexión con la luna, con Küyen, el orgullo que siento. Yo le dije que no quiero perder lo que me dio mi familia: mi identidad. Él se quería enfocar en la transición, por lo que pasé, por lo que viví, pero sesenta minutos es muy poco. El documental en sí no es un documental indígena, tiene una mezcla de diversidad e indígena. Gracias a este documental yo fui invitada el año pasado a España, el país de los saqueadores de Latinoamérica: hay que decirlo, ellos lo dicen hoy, que saquearon América, todavía lo hacen algunas empresas, destruyen nuestro ecosistema. Cuando llegué allá noté una admiración por la resistencia mapuche. Cuando me subí al escenario, les dije que estaba como atontada porque esto no se valora en mi país, donde el pueblo mapuche es criminalizado, burlado, nos tratan de aminorar, de subestimar. Donde no hay un respeto por los derechos lingüísticos y la constitución no reconoce a los pueblos indígenas. Aquí hay un cuento armado para mantener ciertas cosas. 


-Claudia, nos has hablado de ser mapuche. Cuéntanos más de tus orígenes, de tus padres. 

Mis dos padres son indígenas. Mi mamá nació y vivió hasta los 18 años al interior de Galvarino, nació en una ruka en el cuero de un cordero. Decidió un día ir a Temuco y luego a Santiago, aquí estuvo en la década del 60 y 70 y aquí conoció a mi papá, ellos dos eran huérfanos. Él era de San Juan de la Costa, en Osorno, vivió en una comunidad y a los siete años quedó huérfano, sus papás murieron y nadie se hizo cargo de él, así es que se fue a Osorno y luego a Santiago. Ahí se conocieron, tuvieron muchos problemas económicos y se fueron a vivir a un campamento llamado Carlos Condell, por San Miguel, de hecho nací en el hospital Barros Luco. Yo crecí en la iglesia evangélica, luego mi papá se aburrió y volvió al sur, cerca de Puerto Montt, nos establecimos al fondo de la comuna de Los Muermos y vivimos ahí. 


-Salieron de Santiago para vivir en el sur.

Se puede decir que fue un retorno al sur. En los ochentas volveríamos a Osorno. Cuando volvimos al sur mi papá nos hizo tomar contacto con la comunidad donde vivió. Nosotros crecimos entre Puerto Montt, Osorno y Los Muermos. Mi mamá, por su parte, nos conectaba con el interior de Temuco. Yo fui muy consciente de mi origen, y por alguna razón no me avergonzaba. No así lo que yo vi en el campo. En mi infancia la gente se avergonzaba de sus apellidos mapuche, williche y se los cambiaba. Tiene que ver con la lucha por la identidad. Por otro lado mi familia, una parte era de una religión.


-¿La iglesia evangélica, no?

Sí. Entre los siete y los catorce vivimos en el campo y pura iglesia, ¡uf!, saturada de iglesia. Mi familia en un momento de mi transición ha sido negativa para mí. Bueno, la mitad de mi familia es muy respetuosa de nuestra cultura ancestral y la otra no, esa mitad que es muy religiosa está inmersa en una religión poderosa en Chile, pero hemos logrado consensuar el respeto. Vivíamos por y para la iglesia, trabajábamos para la iglesia, tengo algunos bonitos recuerdos, pero también tengo recuerdos del castigo que se hacía hacia la diversidad, el castigo social, del pecado, de la Biblia.


-¿Se hablaba de eso?

Claro, el pastor arriba del púlpito diciendo que el fin del mundo se acercaba con la venida del Papa, que teníamos que estar preparados. Que el mal de la sociedad eran los homosexuales, porque no existía la palabra gay. Tengo un recuerdo de mi adolescencia, en una reunión, en un culto. El pastor insistía en que todos los pecadores pasaran adelante, que la homosexualidad era pecado, y yo voy al púlpito,  me arrodillo y lloro, y le pido perdón a dios porque dentro de mí había algo diferente. ¡Qué imagen! Mis papás sabían el secreto que había.  

  

-¿Cómo recuerdas tu paso por la escuela, por el sistema educativo?

Una vez tuve problemas en uno de los colegios rurales: estaba jugando con todas las niñas, eran como cuatro cursos de puras niñas, porque nos separaban entre niñas y niños luego de cantar la canción nacional. Yo era una de ellas, yo sentía que era parte de ahí y llega una profesora y otro profesor y me sacaron de una oreja  y me fueron a instalar a la cancha de futbol con todos los niños y yo recuerdo haber llorado y pataleado, ese es uno de los grandes traumas que tengo. No se me olvida con nada. El profesor me decía "¡gánate ahí!" Recuerdo haber tenido compañeritos que me escudaron y me decían "ya, tira la pelota así" y me dejaban meter los goles, y me dejaban jugar, todo arreglado, los profesores estaban horrorizados, creo que llamaron a mi mamá. 

En el año 88, mi mamá dijo que a falta de colegios evangélicos me inscribiría en un colegio católico, en Los Muermos. No quería hijos que trabajaran para sobrevivir en la pobreza, y dijo que ese colegio era el mejor. Nos motivaba a que estudiáramos y leyéramos, mi mamá es la artífice de gran parte de mis logros. Así, ingreso a primero medio, el resto lo había hecho en escuela rural. Me encuentro con otra galaxia, entre misas y cosas, yo me dije "aquí la clave es mantenerse ocupado". Yo me daba cuenta, que si te mandaban a hacer algo tú lo hacías, yo hago todo lo que se me dice y no me molestan, si estoy en la biblioteca todo el día y hago lo que dice el profe va a ser mi gran salvación, y lo fue, porque en ese tiempo yo empezaba a manifestar mi identidad y me estaba enamorando. Fue una de las grandes crisis de mi vida. Recuerdo haber sentido mucho miedo a expresarme. Tú prendías la tv y se hablaba del sida de los homosexuales, miraba los reportajes y yo decía yo no soy homosexual, yo soy como las chicas que salen en las revistas, yo me veo como un hombre. Salían en la tv, recuerdo una noticia sobre un homosexual que se vestía de mujer y apareció muerto en una cuneta en la madrugada. Comencé a salir de mi infancia donde vivía oculta, bueno, externamente porque en mi casa yo sí podía jugar con muñecas y ser una niña.  


-Tus papas no te lo prohibían.

No, porque ellos fueron huérfanos, yo recuerdo de ellos que tenían una gran compasión, un amor incondicional, lo que más querían era tener hijos, y para la época no lo iban a ventilar con todo el mundo, menos con la comunidad evangélica. Mi papá no lo pasó bien, pero yo también no hice escándalo a grandes escalas. Solo una vez falte al colegio y me quedé en un bosque jugando porque no quería ir más al colegio, era la rebeldía de no poder ser niña, me fueron a buscar entre medio del bosque. Me volvieron a llevar al colegio, fue mi acto de rebeldía porque quería ser yo. Pero las barbies de cartón, de los detergentes, esas yo las tenía en mi casa, tenía mi colección. Recuerdo de mi infancia que las clases de artes plásticas y música eran la liberación, porque hasta con las temperas me pintaba y cantaba, la profesora de música me ponía puros siete, siete, siete. Yo en la iglesia cantaba. Yo tengo que haber sido una especie de ambigüedad, no sé.


-Con el apoyo de tus padres y tu deseo de seguir estudiando cursaste la carrera de obstetricia en Valdivia, en esa ciudad, además, viviste un episodio muy grave, ¿nos puedes contar?

Viví un tiempo en Concepción y pasaba regularmente cerca de la Facultad de Medicina y Obstetricia, y una vez fui y vi a los matrones y enfermeras y quedé maravillada. Yo quería estudiar en Concepción, pero había un grave problema, la Universidad de Concepción solo admitía mujeres en obstetricia. Estudié en la Austral, me recibieron muy bien, pero estaba en esa nebulosa, en la noche salía con mi peluca, de día era Juan Carlos y de noche Claudia, pero nunca dimensionaba que había gente que me odiaba, y pensaba que con las pelucas que me ponía nadie me iba a reconocer. Llegué a quinto año de la universidad y al final de la carrera una noche un año antes de titularme me agarraron los neonazis en la calle Pedro Montt, me subieron a un jeep, yo no los conocía, nunca pensé que iba a caer así, me secuestraron, me retuvieron ocho horas, me violaron, lo que ahora se llama violación correctiva, me tiraron al lado del Río Cruces, al lado de los cisnes cuello negro. Me dieron tres palizas. Estuve un mes en casa de unos amigos que me cuidaron. Yo estaba haciendo la práctica en neonatología, con guagüitas prematuras… me quedaron marcas en los ojos, me tuvieron que hacer dientes. Yo ubiqué a esas personas, cuando los veía yo arrancaba, sentía terror. Lo único que hice para liberarme del miedo fue estar más con mis amigos de la diversidad, desde ahí nunca más me dejaron sola. Mis amigos me cuidaron más que nunca. 


-Claudia, superaste esto y terminaste tu carrera, comenzaste a trabajar como matrona

Sí, logré titularme. Mis primeros trabajos fueron alrededor de Osorno, yo ya estaba hormonándome y empecé a sentir la transfobia a nivel de trabajo, veía a un psicólogo. Me llamaron de Villarrica para cubrir un reemplazo, luego de Loncoche y  Pitrufquen, y trabajé en esos lugares, pero siempre había algo o alguien que no le parecía bien, que averiguaban quién era yo. Luego trabajé en el hospital de Puerto Saavedra y viví en una de las casas del hospital. Tenía que hacer control prenatal, atender parto, visitas domiciliarias. Me acuerdo que las ñañas, las lamngen no querían usar los anticonceptivos, no creían en ellos. Uno de los problemas que tenía el Servicio de Salud de esa localidad, a partir de los diagnósticos comunales que se hacían, era la falta de adherencia a las pastillas anticonceptivas. 


-¿Por qué tenían que tomar las pastillas?

Porque era la política de gobierno que la gente pobre de zona rural no puede tener más allá de cuatro o cinco hijos porque viven en la pobreza. La estrategia era luchar para que tomen los anticonceptivos, porque no los tomaban o se desfasaban, y había que colocarle la T de cobre, la idea era regularle la fertilidad. Para ese tiempo, año 2008-2009 era un problema en la comuna de Puerto Saavedra, para ellos, yo no fui parte del diagnóstico comunal. Esa era la política de gobierno y era la política comunal. 


-En Puerto Saavedra estuviste más tiempo, ¿qué otros recuerdos tienes de tu paso por ese hospital?

Recuerdo un turno de urgencia. Una noche llegó une machi weye y todo el mundo se reía en ese Hospital, me decían venga y mire el espectáculo. Yo me acerco a la urgencia y ahí estaba. Un chofer de la ambulancia me dijo "mire venga a ver" y veo a mi hermane machi weye con las vestimentas de una machi y todo el mundo riéndose porque llegó a pedir salud, entonces me horrorizo y les digo "porque que se ríen tanto"; "estos son los maricones de los mapuche", me dijeron.


-¿Quién te dijo eso?

Los funcionarios que trabajaban conmigo. A mí no me hacía sentido, ¿qué es lo malo que hace? "No, sin machi, curan igual, pero son maricones". Lo atendieron igual, pero todo el mundo se burlaba, la gente que trabajaba ahí. Yo salí asqueada de ahí, porque si le pasaba esto al machi, ¿en qué mundo estoy inmersa?, ¿qué me pasaría a mí? y, además, en el área de la salud No pensé que eso iba a ser tan potente para mi vida, porque vi que existen los machis weye.


-¿Ellos les decían machi weye?

No, eso lo sé ahora, en ese tiempo le decían maricones. Luego cuando tengo acceso a libros y a cosas relacionadas con la cultura mapuche y con Temuco me doy cuenta que siempre existieron, y que tenían una labor divina, sanadora, de ritual, pero la gente winka o no relacionada con el tema no lo entendía, más en un país tan discriminador, clasista y racista como Chile. 


-¿Cómo has vivido ese clasismo y ese racismo?

Mira, uno de los grandes dolores fue eso, que no me puedo sacar, que cuando comienzo mi proceso de transición definitivo en Santiago, trabajo en varias partes aquí y en el Hospital San Borja de repente quedó sin trabajo. Yo quería hacer carrera ahí, yo como matrona, quería ser una activa trabajadora, para aportar a mi país en el servicio público, pero a mí se me despide, se me desvincula por ser trans y no me dan trabajo en ninguna parte despué de que salí en la entrevista en el The Clinic. De ahí parte el activismo, de la rabia, de la vergüenza, de la poca justicia. 


-Claudia, tú has decidido hacer pública tu historia, tu vida ¿Cómo evalúas esta decisión?

Viví discriminación por ser indígena, por ser pobre y por ser trans, pero me levanté. Por eso es importante dar a conocer las historias, cuando en el 2011-2012 llegó el periodista a pedirme la entrevista me dijo "va a tener consecuencias", pero tú ves que la consecuencia es que se sabe que hay una historia trans mapuche y estas historias tienen que contarse. 

Ahora me he encontrado con mi cultura y me han recibido muy bien, tengo unas primas por allá por el campo que mi madre y mi familia hizo un proceso de aceptación, me conecté mucho con mi cultura, he vuelto a los lugares donde estuve. Terminaré mi curso de mapudungun, voy a seguir estudiando, voy a seguir estudiando… Mis padres  hablaban mapuche en mi casa, sobre todo mi mamá. Yo no entendía qué significaba kofke, trapi y claro era mapuche, pero tener la enseñanza del mapudungun no fue posible, porque no se enseñaba. A mí me queda ser orgullosa de dónde vengo y de lo que soy.


-¿Y qué eres?

Soy mapuche williche y soy una mujer trans. No es fácil que alguien diga eso, porque todas quieren ser rubias o flacas para seguir un modelo que nos es ajeno. Yo soy una persona compleja, orgullosa de mi origen y lo trans. Yo creo que van a venir cosas mejores en la medida que uno reafirme el orgullo por ser quien es y eso a cualquiera se lo digo. 


Dónde ver el documental: 

Valparaíso: Insomnia Teatro Condell Valparaíso - 20 septiembre, 17:00 hrs.

Puerto Varas: Sala -1; 25 y 26 de septiembre, 21:00 hrs.

Coyahique: Centro Cultural Coyhaique - 25 septiembre, 19:00 hrs.






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