Inauguración

La inauguración de la quinta versión de Ficwallmapu nos deslumbró con la danza, la performance y las artes escénicas indígenas contemporáneas. Desde el istmo de Tehuantepec Lucas Avendaño y desde Santiago de Chile Ricardo Curaqueo y las diecisiete lamngen que componen el elenco de “Malen” posaron su impulso vital en la ciudad de Temuco, en el territorio ancestral-histórico mapuche, el Wallmapu. Una noche que nos envolvió con la belleza de la puesta en escena de dos piezas que han recorrido diversos continentes y que fueron disfrutadas por las cientos de personas que repletaron el aula magna de la Universidad Católica de Temuco el pasado 21 de enero de 2020.

Las luces del escenario se abrieron suavemente para recibir la fuerza del movimiento de Lucas Avendaño, quizás, le muxe más conocido alrededor del orbe. El artista de performance y antropólogo oaxaqueño abrió la noche inaugural con una performance y nos acompañó en diversas instancias del Festival, en un año donde hemos dialogado en torno a las diversidades sexo afectivas desde la mirada de los pueblos originarios y comunidades negras y afrodescendientes. Su propuesta sobre la muxeidad, lo muxe, aquella identidad que sobrepasa el binarismo masculino-femenino y que también desborda las identidades modernas, ha sido no solo pertinente sino que también necesaria en tiempos de las voces diversas desde los mundos indígenas.

La oscuridad vuelve al escenario luego de la acción de Lucas para recibir a Malen. Un elenco de mapuche domo/mujeres mapuche, la menor, Ayelen, tiene doce años y la mayor, la papai Elsa Quinchaleo tiene setenta y seis. Durante muchos minutos solo el sonido de las voces femeninas inundaba nuestros sentidos, a poco aparecía la luz, los cuerpos de las diecisiete mujeres se multiplicaban, como la imagen que circula en las redes que señala “Avanza como si cientos de ancestras caminaran detrás de ti”. No cabe duda que las kuifikeche yem(antepasadas) estaban presentes cada vez que un aliento se sumaba a otro en el ejercicio de mantener vivas las artes indígenas.

La propuesta de contemporaneidad de la obra estalló las expectativas de quienes la esperábamos: los cuerpos de mujeres con el torso desnudo enfrentándose en la danza del loncomew (con la cabeza), la voz solista de la niña Ayelen en medio del escenario, los pasos como golpes de las danzas de las lamngen, la fuerza de los movimientos colectivos, el momento final donde la papay Elsa nos regaló una canción para Macarena Valdés, todo en un entramado fuerte y armonioso como un witral/telar mapuche.

Cerramos con el origen y le consultamos a Ricardo Curaqueo el director de Malen cómo surgió la idea de esta obra de danza contemporánea mapuche “Surge desde tomar cierta responsabilidad de quién soy y discernir que lo que más me constituía eran las mujeres que rodeaban mi vida, mi madre, mis hermanas, mis abuelas como figuras más pregnantes que las figuras masculinas. El kimün lo han llevado las mujeres, desde ese punto de vista es que si tenía que responsabilizarme de quien soy es a través de esa memoria femenina, de las mujeres.”

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